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Le pongo un 10 al juego colectivo

lunes, junio 19, 2006



Por Juan Pablo VARSKY

El partido perfecto existe. Argentina 6 Serbia y Montenegro 0, 16 de junio de 2006, en Gelsenkirchen. No se puede jugar mejor. Pobres serbios, se querían ir de la cancha a los 20 minutos del segundo tiempo. Martirizados, sometidos por el demoledor toque del equipo argentino. ¿Para qué se toca la pelota? Depende del momento. Para que la tenga el equipo, siempre. A veces, para fabricar espacios y que la jugada aparezca. En otras para desarmar la presión del rival, desgastarlo física y psicológicamente. En definitiva, la pelota se usa para atacar y para defenderse. No hay mejor fundamento defensivo que la tenencia del balón. No hay mejor elaboración que la parte de la pelota dominada. Este seleccionado argentino la manejó siempre bien. El antológico gol de Cambiasso, con 26 toques (sí, veintiséis con letras para quede claro) retrata la mejor actuación de un seleccionado que yo haya visto en mi vida. Hablo de la pureza del juego, de lo estrictamente conceptual.
Por supuesto, hubo triunfos mucho más importantes que éste, que quedan en los libros por haberle dado títulos al equipo nacional. Pero como demostración colectiva, como exhibición de fútbol, ésta ya tiene asegurada su lugar en la memoria del pueblo. Serbia y su arquero montenegrino no son una banda. Este equipo recibió un solo gol en 10 partidos de eliminatorias y mandó a España al repechaje. No cometió errores groseros. No regaló el partido de entrada. La Argentina lo redujo con una actuación inolvidable, para emocionarse. Permitámonos disfrutar. Nadie dice que el título nos espera. El champagne ni siquiera está en la heladera. Ahora bien, si no podemos saborear y digerir este auténtico banquete, entonces dejemos de ver fútbol y leamos los diarios nada más.
Este grupo sabrá interpretar el valor de la victoria. Lejos de dejarse llevar por la euforia y relajarse, tendrá aún más confianza en sus propias fuerzas. El equipo jugó con la autoridad de un candidato a campeón y mandó un mensaje al resto del mundo: acá estamos, somos Argentina. Tomó nota el planeta que ya mira con ojos más respetuosos al seleccionado nacional.
José Pekerman puede sentirse orgulloso de su obra. El todo fue mucho más que la suma de las partes. Mientras nos peleamos por ver quién fue la figura individual, le pongo un diez al colectivo. Volvió a mostrar contundencia en las áreas. Esta vez, el primer gol no llegó de una pelota parada, sino a través de una estupenda combinación por la izquierda entre Sorín, Saviola y Rodríguez (más Maxi que nunca con sus diagonales marca registrada). La definición del volante del Atlético fue de delantero de toda la vida. También por ese lado marcó el tercero, después de una espectacular acción de Saviola que presionó, recuperó y pateó. Nadie confió más en el ahora inamovible 7 bravo que el técnico. José no para de sumar puntos para su cuenta de crédito. Tocado Lucho, confió nuevamente en Cambiasso. Pero por la derecha. En defensa para marcar con su zurda el peligroso pie derecho de Stankovic. En ataque, para no mover a Maxi de su zona de operaciones y para definir de zurdo en diagonal con el perfil favorable, como en ese inolvidable segundo gol.
Y en el segundo tiempo, puso a Tevez y a Messi por Saviola y Maxi. Los dos más reclamados reemplazaron a los dos mejores de la cancha. La fiesta fue completa. No había mejor momento para soltar a las fieras enjauladas. Carlitos puso todo el potrero de Fuerte Apache para su golazo. Leo demostró su pasta de crack en apenas 15 minutos con pase gol a Crespo y derechazo para completar el resultado tenístico. En el final, Riquelme se asoció al baile con todo su repertorio. Mucho más determinante que en el primer partido, Román decoró con lujos y buen gusto una actuación maravillosa del equipo. El Pato descolgó centros fuera del área grande. Burdisso clausuró el lateral. Ayala y Heinze se cargaron a los tanques serbios. Sorín abrió el camino con su clara proyección en el primer gol. Mascherano tuvo el excelente nivel que necesitaba para consolidarse. No quise dejar a ninguno afuera. Todos contribuyeron con el partido perfecto.

posted by Funebrero
11:16 p. m.